miércoles, 15 de febrero de 2017

"Los jóvenes son gilipollas"

A pesar de lo poco educado que pueda resultar esta expresión, he de reconocer que había otras alternativas más agradables al oído. Sin embargo, no existía otra más directa, más simple y más llana que esta frase que digo: "los jóvenes son gilipollas".

El siglo XXI lo ha cambiado todo: de la cabeza a los pies. Cada detalle de nuestra vida difiere cada vez más del de nuestros padres, y no digo ya del de nuestros abuelos. Pero, lamentablemente, el juicio de esta nueva generación está espantosamente nublado.

Hoy día, son muchos los adolescentes que fuman, beben y hasta se drogan. Esto es fácilmente explicable: el acceso a las sustancias es mucho más sencillo que antaño. Antes podías jugarte el pellejo, ahora tan sólo tienes que llamar a tu hermano mayor (que será más gilipollas que tú por el simple hecho de hacerte el favor) para que te compre la materia prima. Y ya la tienes, en tus manos. Y los jóvenes las consumen, las consumen y las consumen, como máquinas. Es un claro signo de que desean librarse de sus ataduras. Me explico: la juventud opina (bien o mal, eso ya depende de cada uno) que hay que hacerse mayores lo antes posible. Eso de las canicas, de jugar a la pelota y a los Pokémon está ya en el más oscuro pasado. Desean destruir las limitaciones que su estatus de menor de edad les impone, y se ponen a consumir. Porque eso les asemeja a los adultos, les hace parecerse más a sus padres, a aquellos que les dieron luz y les criaron durante su limitada y hasta castradora infancia.

Ya con la infancia superada, los jóvenes continúan consumiendo, deshaciéndose de su infancia y de su niñez, por si pudiera quedar algún resto. Aunque parezca algo antinatura, esta conducta les hace débiles. Su debilidad proviene de la propia raíz del problema: la infancia y la inocencia. Por mucho que eso se pueda atrasar, es inevitable el aumento de nuestra autonomía y la formación de nuestra identidad y de nuestra vida lejos de casa de los padres. Alguien que utiliza el tabaco o el alcohol para acabar con ello no puede ser sino débil: adelantar el fin de la infancia sólo conlleva a problemas en el futuro, y los jóvenes, antes que "sufrir" viendo como la fiesta de la infancia se acaba, prefieren arrancársela a pedazos. Y por si esto fuera poco, encima ganas popularidad.

Porque, no nos engañemos, el consumo significa popularidad. Desastrosamente, la gente "malota" es más respetada que aquellos que cumplen pacientemente con sus obligaciones, sin hacer ruido. Los malotes son los que reciben la atención y el tiempo de los demás, mientras que los que valen de verdad son auto-marginados debido a su falta de popularidad. Con el consumo viene a ser un poco lo mismo, si fumas y bebes, es guay y supercool. Si no, eres un raro. Esta mentalidad tan sumamente patética (perdón por la expresión) puede ser mucho más que un problema. Si se extiende que haciendo "cosas malas" (siendo menor de edad, fumar y beber es una barbaridad) se consigue más atención y más prestigio, todos acabaremos haciéndolo. Y eso, no nos engañemos, puede hundir cualquier economía (como pasa hoy día con la española) si los jóvenes, el "glorioso futuro", en vez de trabajar y sacarse carreras y títulos para optar a puestos más altos se pasan el día en sus coches comprados por sus padres, fumando y haciendo botellones hasta la eternidad.

Así están las cosas, señores, el horror se apodera de nosotros. La nueva generación que ahora se forma está contaminada por la idea de que hacer cosas malas es algo que mola, y que beber y fumar es algo considerado "normal". Pero esto no es lo más preocupante, si cabe. Imaginémonos los hijos de esta generación, aquellos criados por padres que piensan que fumar y beber teniendo 15 años es lo más normal del mundo. ¡Dios mío, sálvanos de ellos, líbranos del mal!



lunes, 31 de octubre de 2016

Maese Rufián: un merecido apellido

A lo largo de la historia, el mundo ha conocido de un gran número de energúmenos sin sentido del respeto, cuya única ley era la de ensalzar las virtudes propias y dar por sentado que todo aquello que no compartían era algo innecesario, banal, estúpido. Una de estas personas es, sin ninguna duda, el señor Gabriel Rufián.


¿Este hombre está en nuestro Parlamento? Lo digo para que los guardias de la puerta del congreso le prohíban la entrada la próxima vez. Existen muchas maneras de decir las cosas. Unas mejores, otras peores. Cada uno tiene su estilo único, que lo diferencia de los demás. Sin embargo, toda opinión que se precie debe tener un mínimo de respeto hacia todo y todos, porque el respeto es una de las bases de la sociedad. Mi profesor de Lengua del año pasado nos decía muchas veces que la única regla para convivir era la de respetarse los unos a los otros. Si es así, este hombre, desde luego, no es un paradigma de la convivencia.

Aparte de ello, hay que analizar la cobardía y la osadía con la que pronuncia esas palabras. Como todos sabemos, las dice donde las dice porque queda bonito. Porque sales en las redes sociales. Porque apareces en portada en los periódicos. Pero estoy convencido, y esto es algo que ocurre muchas veces en nuestra sociedad, de que este energúmeno no se atrevería a decir esto en privado, o en un lugar donde no estuviera amparado por las leyes del respeto y la convivencia. Leyes a las que él ha faltado, y que, afortunadamente, han encontrado una respuesta:



Ante la chabacanería y la actuación de algunos (o de no tantos,porque entre tantos aplausos a favor del respeto y de la convivencia había un boquete violeta, aunque ellos se mueven por la sobreactuación y el populismo) existe una unión, como se puede ver en el último vídeo. El respeto es la base de la sociedad, y no hay que saltársela. Esa ley no diferencia de gente de derechas o de izquierdas, hombres o mujeres, negros o blancos. Es una ley universal. Y ay de el que se la salte, porque entonces, y solo entonces, se le podrá acusar de ser un rufián.

martes, 4 de octubre de 2016

La Guerra de las Rosas parte 3: Bon voyage, monsieur Sánchez

A pesar de que no tengo ni repajolera idea de francés (solo he estudiado francés un año en el instituto, y lo aborrezco desde entonces), es de cultura general saber qué significan los vocablos franceses que he puesto en el título. Pero para aquellos que no lo sepan, el título de la entrada de hoy es: Buen viaje, señor Sánchez.

Pedro Sánchez acabó derrotado en el Comité Federal del pasado sábado. Ahogado en su propio orgullo, buscó un medio desesperado para ganar tiempo y aferrarse a su puesto. Sin embargo, la mayoría antipedrista acabó imponiéndose, y Pedro Sánchez anunció su dimisión. Una dimisión que, si lo pensamos bien, debería haber llegado antes.

Con Pedro Sánchez al frente del PSOE, las Rosas han obtenido los peores resultados de su historia en todas las elecciones posibles. La caída en tierras vascas, gallegas y el parlamento nacional es una evidencia palmaria. Perder las elecciones, y lo que es peor, perderlas como él las perdió (con una diferencia abismal entre gaviotas y rosas), debería haber sido motivo de dimisión. En el fútbol, cuando un equipo tiene malos resultados, siempre se echa al entrenador a los leones. En esto es exactamente igual. Han sido dos años con un balance negativo para el partido, pero estoy convencido de que Pedro Sánchez está satisfecho con su mandato. Que disfrute de su cuarta fila en el Congreso. Hay buenas vistas desde ahí.

Así pues, el PSOE afronta una era crítica. Haga lo que haga, camine donde camine, va a ser el partido más perjudicado. Ahora es el momento de arriesgarse, de ser valientes, y de tomar la decisión más apropiada. Pero que no lo haga una gestora, ni un Comité Federal. Ni el secretario (o secretaria) general, ni los barones. Leches, esta clase de decisiones deben ser consultadas a la militancia, a las raíces de toda fuerza política. Y que ellos, las bases del partido socialista, sean las que decidan este camino que, pase lo que pase, estará lleno de espinas.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

La Guerra de las Rosas Parte 2: La Espina

Cuando la gente tiene razón sobre algo, suele proclamarlo a los cuatro vientos. Quieren destacar su supremacía, su superioridad intelectual, su perspicacia para ver la certeza entre la bruma. En este caso, permitidme, belgarienses, un ejercicio de orgullo: ya lo dije el lunes.

Mi entrada del lunes no puede estar más acertada. La Guerra de las Rosas, Pedritistas contra Susanistas, Pedro Sánchez contra Susana Díaz. La rivalidad viene de largo. Y Susana Díaz sabe de qué va esto. Sabe cómo jugar. Y ha planteado el tablero de tal modo de que ella sea la última pieza en juego. Su estrategia se asemeja a la de una serpiente: cuando el momento es propicio, ataca con toda su letalidad. Ha sido lista Susanita. Desde que de la boca de Pedro Sánchez saliera la palabra "Podemos", Susana se la ha tenido jurada. Ha sido paciente, ha sabido esperar su oportunidad. Y ha ganado. Puede que a la gente no le guste, pero ha ganado.

De las 17 dimisiones de manera simultánea que se han producido hoy en la Ejecutiva del PSOE, 7 de ellas proceden de Andalucía. ¿Casualidad? No, querido Cárdenas, esto no es casualidad. Porque los dientes de Susana son largos. Largos y afilados, letales. Susana ha atacado cuando ha visto la oportunidad. Ha olido el miedo, la cachochilla (como le gusta decir a mi abuelo) de Pedro Sánchez. Atacar a la presa cuando está más débil. Porque Susana sabía, mira cómo lo sabía, que después del 25-S Pedro sería más débil que nunca. Y los colmillos, esos colmillos afilados, han atacado a la presa. Ahora toca ver si la serpiente andaluza consigue pegarle un bocado a la Secretería General del PSOE. Es la favorita para ello, no hay duda. Tiene cualidades, muchas, y mucho porte para hacer frente a lo que se viene encima. Y si ella consigue la Secretaría General, Susana querrá proclamarlo a los cuatro vientos. Naturalmente.

lunes, 26 de septiembre de 2016

La Guerra de las Rosas

Para los que no lo sepan, la Guerra de las Rosas (aunque en realidad se llama "La Guerra de las Dos Rosas") fue un conflicto bélico ocurrido entre los años 1455 y 1487. Enfrentó a las casas de Lancaster y de York, cuyo escudo es de una rosa en ambos casos, una rosa roja en caso de los Lancaster, una blanca referido a los York. Además, fue una clara inspiración para George RR Martin para crear Canción de Hielo y Fuego, una de las novelas de fantasía épica más famosas de los últimos tiempos. Sin embargo, aunque no lo parezca, esto no es una lección de historia.

La Segunda Guerra de las Rosas ha comenzado. Aquí, en España, sí. Es cierto. Las rosas se enfrentan por el poder. Es una guerra civil, una guerra interna, que sólo puede acabar con el sometimiento de uno de los dos bandos. En esta guerra, sin embargo, no se usan las armas. Se usan las palabras. Pensemos un momento, ¿qué famosa organización española tiene una rosa como emblema? La siguiente imagen os dejará claro por dónde quiero ir.

Supongo que la imagen os ha dejado claro adónde voy. Sí, hoy toca analizar en profundidad la crisis interna del Partido Socialista Obrero Español, surgida a partir de dos corrientes de pensamiento.

La primera de ellas, a la que llamaremos corriente bloqueadora, está defendida por el secretario general, Pedro Sánchez, y por varios barones (o jefazos) del PSOE. La corriente defiende que bajo ningún concepto se debe permitir un gobierno del PP, aunque eso suponga bloquear España. Yo, que me considero neutral (no tengo un partido ni una ideología definida), soy partidario de esta corriente. Uno de los partidarios más claros de esta corriente es Miquel Iceta, líder del PSOE catalán, que se dirigió así el otro día a su jefe, Pedro Sánchez, durante la Festa de la Rosa. 


video

Al otro lado de la balanza, tenemos la otra corriente, a la que llamaremos corriente permisiva, defendida por algunos barones y por los antiguos líderes del PSOE, como Felipe González. Esta corriente piensa que lo mejor es la abstención del PSOE para permitir un gobierno del PP, para desbloquear España y evitar unas terceras elecciones, que serían catastróficas para el partido. 

Conocidos los dos puntos de vista, ahora toca analizar. Las dos posturas defienden dos cosas muy diferentes: la corriente bloqueadora se acoge a sus raíces y a su ideología como la excusa de no permitir un gobierno de las gaviotas. Por el otro lado, la corriente permisiva piensa que, de proseguir esta situación, el PSOE se hundiría, y prefieren un gobierno de las gaviotas antes que su propia caída. Ambas corrientes tienen parte de razón. Dar esa abstención sería traicionar los propios valores del PSOE y decepcionar a sus votantes, pero ir a terceras elecciones también sería imperdonable para los votantes. Así pues, ¿qué se debe hacer?

Buscar un gobierno alternativo es, de momento, la única solución factible a toda esta situación. Se evitarían terceras elecciones y no se traicionarían los valores socialistas. Es muy difícil, claramente. Los números son complejos. Es casi utópico, pero es la única salida entre las Dos Rosas que, el día 1 de octubre en el comité federal del PSOE, se van a pinchar de lo lindo.